Nació en Ontario, Canadá, así que, como la protagonista de La calavera, está acostumbrado a caminar por la nieve. Considerado uno de los ilustradores más reputados del panorama literario internacional, es uno de los pocos ganadores de los dos premios más prestigiosos del circuito del libro anglosajón: la Medalla Caldecott y la Medalla Greenaway. Para Klassen esta historia es una suerte de homenaje a sus lecturas infantiles: «De pequeño, cada vez que pisaba una biblioteca, corría a la sección de terror y misterio. Siempre quise escribir un libro que cupiese en esa sección». Y no solo lo ha hecho, sino que con él nos regala una amistad peculiar, por infrecuente, pero incondicional y absolutamente arrebatadora.