Nació en Londres en 1866 en el seno de una familia adinerada y se crio en una gran casa, en el barrio de Kensington. De niña no fue a la escuela, sino que fue educada en casa por institutrices, de modo que no conocía a muchos niños de su edad. Esto la llevó a hacerse amiga de los animales que había en casa y los alrededores, como gatos, conejos y ratones. Pronto se aficionó a dibujarlos en sus cuadernos con gran maestría. Pasaba los veranos en los campos de Escocia y los Lagos de Inglaterra y allí desarrolló una pasión particular por la naturaleza y sus habitantes.
Cuando se hizo mayor, quiso estudiar las plantas y los animales, pero no pudo hacerlo porque en aquella
época no estaba bien visto que las mujeres estudiaran y trabajaran. Aun así, Beatrix continuó observando y explorando su entorno, movida por una infinita curiosidad.
También siguió dibujando sin descanso. Cuando ya tenía una buena cantidad de historias ilustradas de animales, decidió publicarlas, aunque encontrar un editor no fue tarea fácil. Finalmente, a los 36 años salió a la venta su primer cuento infantil, Peter el Conejo, que obtuvo un éxito inmediato. Sus dibujos de animales silvestres, llenos de calidez y ternura, encantaron a los niños y niñas de la época.
Tras la muerte de su prometido, que además era su editor, se refugió en una granja en el distrito de los
Lagos llamada Top Hill, que empezó a aparecer en sus cuentos. Unos años más tarde se casó con William, con quien no tuvo hijos, aunque sí muchas ovejas.
A lo largo de varias décadas, Beatrix publicó muchísimos cuentos infantiles, siempre protagonizados por traviesos animales que viven pequeñas aventuras. Los últimos años de su vida los dedicó al cuidado del
medio ambiente, y al morir en 1943 legó todas sus granjas y terrenos a una fundación para la protección
de la naturaleza.